Entradas

A una gallega...

Imagen
La gente de mi generación (les guste más o menos) puede que, al escuchar las palabras “hada madrina”, haga memoria de forma inconsciente y se le vengan a la cabeza ratones y calabazas y las palabras “bibidi, babidi, bú”. Las hadas (madrinas o no, basta con que concedan deseos) son personajes habituales en los cuentos e historias fantásticas, y a algunos, cuando nos van las cosas un poco torcidas, nos deleita soñar con tener una que se apiade de nosotros y nos apañe la vida. (También los hay que sueñan con encontrar un genio, pero como a estos siempre nos les han pintado un poco traicioneros, no resultan entrañables.)     ¿A qué viene todo esto? Pues a que, a veces, los sueños se hacen realidad y resulta que descubres que las hadas madrinas existen. No tienen varita mágica ni vestidos pomposos de purpurina, pero si son almas compasivas y adorables que suplen la falta de poderes cósmicos con una bondad y una sonrisa capaces de tirar murallas abajo. Hacía t...

No castigamos al bipartidismo, catigamos a la izquierda

Reconozco que de política sé más bien poco, también que mis inclinaciones ideológicas vienen determinadas por la educación que he recibido en casa, fuera de ella y por mis vivencias personales (como le ocurre al resto de la gente, supongo), y que los extremismos, sean del tipo que sean, no van conmigo, (siempre he pensado que no hay extremos buenos, defiendan estos la causa que defiendan), pero aún así, quiero exponer mi opinión. En estos días en los que la política ha estado muy presente en los medios de comunicación, sobre todo ayer, cuando esperábamos ansiosos los resultados de las europeas (excepto en TVE, donde misteriosamente prefirieron centrarse en la celebración del Real Madrid en Cibeles), me ha vuelto a la cabeza un pensamiento que me aborda siempre que hay votaciones. Veo que la gente quiere castigar al bipartidismo (cosa que no me parece mal; si ya se ha visto que ni los unos ni los otros lo saben hacer, ¿para qué seguir votándoles?), pero la única “solución...

Mi vida a juicio

Todos y cada uno de mis actos o decisiones son juzgados y observados con lupa: Si salgo a por el pan con ropa cómoda y sin maquillar, me miran y piensan: “Podría cuidarse un poco, ¿no? Vaya pintas”. Pero si salgo con vaqueros estrechos, camiseta con escote y los labios pintados de rojo, las valoraciones se dividen: “¿Esta dónde se piensa que está? ¿En Cibeles? Valiente presumida, mira tú, que para comprar el pan…”; “Qué pinta de zorrona tiene… Le daba un buen viaje si quisiera”. Si decido continuar con mi carrera profesional en lugar de casarme y tener hijos, me dicen: “Eres una egoísta. ¿Cómo no vas a tener hijos? ¿Qué problema tienes para no querer niños? Si son la alegría de vivir y lo mejor que te puede pasar…”. Si opto por abandonar mi oficio para formar una familia, me espetan: “Tan progresista que eras… Y ahora, ¿qué? Una sumisa más…”. Si una discusión opino y mis argumentos se imponen por su peso a los de la mayoría, alguien me indica: “¡A fregar!”. Si por desc...

Yo tampoco regalo mi trabajo

¿Podríais comenzar leyendo este post, por favor: http://siempreenmedio.wordpress.com/2014/05/20/no-trabajo-gratis/#comment-3255 ? ¿Alguna vez habéis necesitado redactar un texto? A saber, una carta de presentación para apuntaros a una oferta de empleo, una reclamación a una empresa por un producto en mal estado, la solicitud de una beca, de información sobre un curso… Algo que, por cortito que fuese, requiriese más esfuerzo que un comentario en Facebook o Twitter. ¿Sí? ¿No? Si lo habéis tenido que hacer sabréis que cuesta. Y si no lo habéis hecho nunca ya os lo digo yo: cuesta. No vale cualquier cosa: hay que ajustar el tono y el léxico a las circunstancias, para lo que es necesario saber a quién nos estamos dirigiendo. Es importante expresarse de forma clara y sencilla para que se entienda el mensaje y que el receptor no necesite de un criptólogo que le ayude a descubrir lo que estamos diciendo. Por eso el texto ha de estar bien estructurado, ser coherente. Del mi...